La UACM en la picota

La UACM en la picota

Víctor Flores Olea

Hace ya varias semanas
estalló un grave conflicto en la Universidad Autónoma de la Ciudad de
México (UACM). Para decirlo en síntesis: el conflicto de fondo tiene que
ver con una de las duras batallas que han debido librarse en México
para defender la educación pública ante los intereses de quienes,
también en el nivel universitario, quisieran su privatización.
La privatización de la educación pública en México (en todos los
niveles y desde luego en los de la educación superior) ha sido desde
siempre objetivo central de la derecha, y en los últimos tiempos del
conjunto de los intereses y centros económicos afiliados al
neoliberalismo. Y es una de las principales consecuencias de la
escandalosa concentración de capitales de las últimas décadas. Una meta
de la derecha por razones evidentes: la primera es ideológica y del modelo
social a que aspira; la segunda tiene que ver con el enorme negocio en
que se ha convertido la educación privada, sin controles en ningún
sentido.

Conforme al modelo social que propone el neoliberalismo, en sus terrenos privados debe formarse la clase
de los dirigentes tecnócratas que en el país cuidarán y orientarán las
inversiones de los más adinerados. Este es uno de los mayores escándalos
de la situación: gente formada (mediocremente) que ha olvidado
los referentes democráticos y nacionales de la historia de México y que
únicamente persigue, como decía, la defensa y acumulación de los
intereses de los más adinerados. En la Universidad Nacional Autónoma de
México sabemos bien de estas batallas, que se han ganado muchas veces
por tener la UNAM gran prestigio y por significar tanto en la historia
de la educación nacional.

Pero la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, de reciente
creación (fundada por Andrés Manuel López Obrador durante su jefatura de
Gobierno en el Distrito Federal), y sin contar con la sólida tradición
de la UNAM, es sometida hoy a diversos chantajes, violencias y ánimos
destructivos que ponen en peligro su existencia misma y que debieran ser
parte de una preocupación central de la ciudadanía.

En su breve historia, bajo la excelente dirección de su primer
rector, el ingeniero Manuel Pérez Rocha, la UACM logró prestigio y
convertirse en una de las instituciones universitarias de la ciudad que
con más constancia emprendían proyectos universitarios de investigación,
discusión de temas de importancia nacional, talleres bajo la dirección
de profesores calificados en los cuales los estudiantes aprendían a
aprehender y los profesores a enseñar.

Todo parecía ir sobre ruedas y en el camino de convertirse la UACM en
un centro universitario de gran calidad, cuando de pronto un día, sin
más aviso, la actual rectora, Esther Orozco, que en el papel de los
currícula parecía tener antecedentes positivos, irrumpió con una
escandalosa denuncia diciendo de su propia universidad que era un fraude
porque las autoridades de la misma fomentan la irresponsabilidad de los jóvenes,
añadiendo una serie de dislates al hablar del pobre desempeño académico
de los jóvenes universitarios y de la ausencia de controles de la
estructura académica de la institución.

Si el directivo de una institución universitaria asume
realmente sus declaraciones y denuncias, le corresponde a él (o a ella,
como es el caso) corregir tales deficiencias académicas. En eso consiste
precisamente su trabajo. Pero todo indica que la doctora Orozco, en vez
de cumplir seriamente su función, emprendió una guerra de
acusaciones, difamaciones y amenazas contra los estudiantes, profesores,
investigadores y hasta trabajadores que se han opuesto a sus
procedimientos.

Y claro, ahora se sabe meridianamente que la señora Esther Orozco
simplemente se ha propuesto transformar ese centro universitario en una
suerte de dominio personal en el que reinan su hostigamiento a la
comunidad, el nepotismo, la ausencia de transparencia y de rendición de
cuentas, entre otros casos, al no informar a la comunidad universitaria
de los destinos presupuestales que año con año entrega el Gobierno del
Distrito Federal a la UACM. Quienes hemos sido universitarios toda la
vida nos sorprendemos de que un personaje así pueda seguir al frente de
una institución universitaria como la UACM, rechazando todo diálogo
civilizado con profesores y estudiantes, cuando además más de 3 mil 500
firmas de la institución han pedido ya la renuncia o destitución de la
señora Orozco.

Acoso laboral y retención de cuotas sindicales, violación de los
estatutos universitarios de la UACM, despidos, despotismo y nepotismo,
xenofobia, autoritarismo y hasta prácticas misóginas, son apenas algunas
de las acusaciones que enfrenta la señora Orozco, que no tendría por
qué seguir aferrada a una responsabilidad que evidentemente no sabe, ni
quiere ni puede cumplir.

Menos aún en una institución que, además de sus virtudes académicas,
ha logrado organizarse en la base, a pesar del continuo hostigamiento de
la rectora, en un ambiente de pleno ejercicio democrático, de respeto a
la libre expresión de las ideas y del franco intercambio de argumentos
entre los integrantes de la comunidad universitaria. Y una de las
cuestiones más escandalosas: el asedio para cerrar el Centro Vlady, de
la UACM, dedicado a preservar la memoria del gran artista de origen
ruso.

Conflicto general que se inscribe directamente del lado de los
intereses políticos de quienes se proponen destruir las universidades
públicas y privatizar la enseñanza del país en todos sus niveles.
¿Pertenece a ese bando la señora Orozco? La mentalidad autoritaria y
hasta el despotismo que ha mostrado en su gestión la colocan
irrefutablemente en ese campo.

http://www.jornada.unam.mx/2011/06/20/opinion/023a2pol
 

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