Sobre el conflicto en la UACM: Marco Rascón

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Hace años, cuando los estudiantes se enfrentaban a la política del régimen priista, la represión estaba presente hasta para pintar un muro convocando a una marcha. Hoy en la UACM, la mejor ley, las que hay que hacer en un proceso de autonomía plena, se interpreta como derecho a la impunidad para imponer decisiones desde la fuerza y en minoría.

Las huelgas estudiantiles eran la única arma de los estudiantes y maestros para enfrentar a los gobiernos y las autoridades que se regían por juntas de gobierno o consejos universitarios sin paridad. Hoy en la UACM el paro sirve para destruir lo históricamente conquistado.

Cuando se fundó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) no hubo ley orgánica externa para gobernarse sino una ley general que se creaba desde la Asamblea Legislativa del DF y que le otorgaba presupuesto para cumplir con sus funciones. Es decir, se otorgó un presupuesto millonario por delante a una comunidad que tenía la responsabilidad de crear sus normas para aplicarlo: tarea compleja y difícil.

A 10 años de su fundación existe oposición para crear normas y definir reglamentos para el personal académico, de los estudiantes, de los trabajadores y establecer reglas para elegir a sus órganos de gobierno. Los opositores a crear reglas constituyen una alianza de grupos minoritarios que quieren controlar la UACM mediante la exclusión y la discrecionalidad y, para ello, la tienen paralizada por decreto y a la fuerza.

Desde el año 2010 en que fue electa la rectora Esther Orozco, con una amplia trayectoria en la academia y la investigación científica, un sector se sintió ofendido cuando la rectora realizó balance público y crítico de la situación de la UACM y sus resultados.

Resulta incomprensible que siendo la crítica y autocrítica una convocatoria para debatir, proponer, aclarar, hacer balance, mejorar y corregir se convirtiera en una traición.

Es lógico: para los grupos beneficiarios de la discrecionalidad y la falta de reglas la crítica de Orozco fue revelar la irresponsabilidad, las aviadurías, el fraude educativo, la simulación y la corrupción académica. Por eso estos grupos la declararon su enemiga.

Nada más fácil que justificarlo todo acusando de neoliberalismo y derechismo a quien solo reclamó y recordó que la UACM tenía un compromiso con esos jóvenes, cuya única opción educativa era la UACM. Esther Orozco es acusada de todo, hasta de ágrafa y derechista autoritaria, siendo que ella, además de científica y maestra, ha sido luchadora universitaria en Chihuahua, mujer progresista, de alto perfil democrático y de izquierda, en un tiempo y en una región, donde la derecha verdadera ha sido hegemónica.

Varias auditorías de todo tipo han dado un resultado a su favor. La más grotesca es acusarla de que no tiene títulos como si hubiese engañado durante décadas a la Normal y la Universidad de Chihuahua, al IPN, al Cinvestav, a las academias de Francia y otros países. Esther Orozco fundó el Instituto de Ciencia y Tecnología del DF, pero de todo ello se le acusa de que “no tuvo tacto político” para quedarse callada, ante los vicios de la institución que representaba.

Siempre en la izquierda se dijo que “la verdad es revolucionaria”, pero en el ambiente de un amplio sector de la izquierda descompuesta esto ahora es una traición. La demagogia rampante dice combatir la corrupción con corrupción y la tranza con tranzas. La palabra preferida de estos grupos es “resistir” a cualquier cambio e “imponer” desde la minoría, aduciendo dignidad y razones que no se demuestran en legalidad y democracia.

Cuando la izquierda en 1968 luchó en defensa de la autonomía universitaria y la defendió contra la incursión del Ejército, esto se convirtió en un principio y exigencia para autogobernarse con el fin de garantizar la libertad de cátedra y pensamiento. La visión contraria en la UACM pretende una solución desde el exterior, saboteando todo funcionamiento interno y paralizando actividades.

Hoy, en el caso de la UACM son los paristas y sus aliados los que han pedido reiteradamente la intervención del Gobierno del DF y la Asamblea Legislativa para destituir a la rectora. La lucha por el control del Consejo Universitario, no es para construir sino para controlar, pues en su visión personalista y maniquea de la política, construyen dioses y demonios para justificar y condenar.

Para ellos su único mal es la rectora Esther Orozco y el objetivo es destituirla aduciendo impugnaciones y hasta utilizando la ley de amparo contra la autonomía de la UACM, que por cierto les negó un juez distrital.

Lo que hoy se juega en la UACM es su existencia como institución educativa de calidad y excelencia a favor de miles de jóvenes que buscan modificar su condición marginal a través de la educación. Los paristas quieren establecer el precedente de que la UACM es su propiedad presupuestal para “organizarse políticamente” y por ello buscan doblar con insultos a los que llegaron a la UACM para aprender, investigar y enseñar.



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