Intercambio epistolar 1 Carta de Facundo González #UACM

Carta de Facundo González



Hola Carlos, hola César:



Ayer, en mi muro de FB, publiqué tres comentarios sarcásticos sobre la existencia de dos consejos universitarios en la UACM. A mis comentarios podríamos llamarles “hipnotismo”, “daño ocular” y “solipsismo”. Son comentarios que responden a la —entre otros calificativos— patética situación de nuestra Universidad. Los tres comentarios siguen en mi muro, para quien quiera verlos.

La Ley de la UACM señala al Consejo Universitario como el máximo órgano de gobierno de la Universidad, pero ahora tenemos DOS consejos universitarios (o si se quiere, un consejo universitario partido en dos) que reclaman para sí los atributos de autenticidad, legalidad y legitimidad y se los niegan a su contraparte. Los dos Consejos están legislando y pretenden que sus decisiones tengan efectos vinculatorios al conjunto de la comunidad universitaria.

Un indicador de que el Consejo Universitario es el máximo órgano de gobierno es que ejerza el monopolio de la facultad legislativa, pero resulta que no hay tal monopolio pues ambos consejos están legislando, y lo hacen de manera contradictoria entre ellos. Además, ambos consejos han privilegiado la aprobación de instrumentos jurídicos punitivos, con el propósito de aplicarlos a sus respectivos adversarios.

Sin duda, esta anómala situación nos lleva a una suerte de esquizofrenia institucional que pone en cuestionamiento nuestra capacidad para ejercer la autonomía universitaria tal como la refiere la Fracción Séptima del Artículo Tercero Constitucional: Las universidades y las demás instituciones de educación superior a las que la ley otorgue autonomía, tendrán la facultad y la RESPONSABILIDAD de gobernarse a sí mismas. Tener DOS consejos universitarios en guerra nos ha llevado al desgobierno, a la ingobernabilidad, lo que hace evidente que en la UACM no hemos logrado ejercer la responsabilidad de autogobernarnos. En este sentido, en los hechos, la autonomía universitaria es inexistente en la UACM.

Ah, pero cuando uno critica la existencia de dos consejos universitarios y demanda su unificación, de inmediato se levanta un coro que dice más o menos lo siguiente: “¡No hay dos consejos universitarios, sólo hay uno, y es el instalado el 29 de noviembre de 2012, éste es el único Consejo Universitario. Ustedes, los del Frente Amplio de Profesores, en actitud oportunista, al hablar de dos consejos universitarios sólo pretenden confundir a la comunidad!”. Es decir, mientras que la inmensa mayoría de universitarios y observadores externos vemos DOS consejos universitarios legislando, algunos sólo ven UNO. Por eso recurrí al concepto de solipsismo, que significa “sólo uno mismo, sólo yo existo”. Ante mis comentarios, ciertamente sarcásticos, ustedes, Carlos y César, respondieron lo siguiente:

Carlos Gonzalez Hola Facundo. Lamento profundamente que estés optando por el denuesto cada vez más virulento en sustitución del diálogo argumentado. Lo lamento porque no contribuye al desarrollo institucional o a la superación de la crisis actual; por el contrario, corre el riesgo de profundizarla al cerrarse al debate y a la búsqueda de acuerdos. Supongo que es una forma de expresar tu disgusto–todos lo estamos–, pero creo que la Universidad, más que exabruptos, necesita la conjunción de voluntades para transformar la dinámica destructiva de los años recientes en una nueva etapa de consolidación académica e institucional. Para eso, sabes que cuentas conmigo. Saludos

César Fuentes Hernández Y cómo se llamará al síndrome que padecen algunos "politólogos" que se sienten que sólo ellos son la salvación para la UACM. Saludos.

César Fuentes Hernández Tal vez también se deba a que algunos no quieran reconocer que sus antiguos aliados los hicieron a un lado y les hicieron pagar el costo con la pérdida de credibilidad en todo lo que hacen o pretender hacer desde su espacio.

No sé que digan los “politólogos”, César. Yo estudié la licenciatura en Sociología, la maestría en Sociología Política y el doctorado en Ciencias Sociales. Además, no creo que el complicado asunto de la UACM deba plantearse en función de nuestras respectivas formaciones disciplinarias, a mí todas me parecen respetables. Pero creo que no estaría mal echar un ojo a las aportaciones de la Ciencia Política, pues quizás de esa manera podríamos encontrar una salida a la crisis de la Universidad. Veamos.

Guardadas las distancias (que son muchas), el sistema de gobierno de la UACM se parece al sistema parlamentario. La comunidad universitaria elige al Consejo Universitario y éste elige al Rector. En el parlamentarismo los electores eligen al Parlamento y éste elige al Jefe de Gobierno. Se trata, pues, tanto en la UACM como en el parlamentarismo, de una elección indirecta de Rector o de Jefe de Gobierno, respectivamente. El Rector y el Jefe de Gobierno deben rendir cuentas al órgano colegiado que los eligió y pueden ser destituidos por dichos órganos colegiados. En eso se parecen el sistema de gobierno de la UACM y el parlamentarismo.

Pero el sistema parlamentario incorpora otros elementos que no están considerados en el sistema de gobierno de la Universidad. Por ejemplo, cuando existe una crisis entre el Jefe de Gobierno y el Parlamento, o cuando la crisis es en el seno del propio Parlamento y le impide ejercer sus funciones, entonces puede decidirse la disolución del Parlamento y, con ello, la caída del Jefe de Gobierno. En este caso se convoca a los ciudadanos a nuevas elecciones parlamentarias, es decir, la resolución de la crisis se traslada a los electores, en atención al principio de soberanía popular, pues los parlamentarios no son sino representantes populares y a ello se atienen. Una vez que queda instalado con la integración que los electores decidieron, el nuevo Parlamento elige al nuevo Jefe de Gobierno que contará con el apoyo de la mayoría del Parlamento o bien, si es que ningún partido obtiene la mayoría por sí mismo, con el apoyo de una coalición parlamentaria mayoritaria. De esa manera se resuelve la crisis, renovando el Parlamento que, a su vez, elegirá a un nuevo Jefe de Gobierno.

Insisto en que son muchas las “distancias” que deben guardarse entre el sistema de gobierno de la UACM y el parlamentarismo, pero la experiencia y los mecanismos del sistema parlamentario (objeto de estudio de la Ciencia Política) me llevan a proponer la siguiente salida a la crisis de la UACM:
Que los dos Consejos Universitarios establezcan una coordinación que los lleve a aprobar un reglamento de elecciones. La idea es que los dos Consejos Universitarios aprueben el mismo reglamento de elecciones. Así, no habría rendición de ninguno de los dos Consejos pero ambos aprobarían idénticos reglamentos de elecciones, es decir, el mismo reglamento.
De la misma manera, ambos Consejos Universitarios aprobarían la misma Convocatoria a elecciones para los cargos de consejeros electorales vacantes, e instalarían al mismo órgano encargado de organizar las elecciones.
Una vez aprobados el Reglamento de Elecciones, la Convocatoria a Elecciones y el órgano electoral, los dos Consejos Universitarios se disolverían mediante la renuncia de todos los consejeros universitarios.
Mediante un convenio, las elecciones podrían ser organizadas (o supervisadas) por el Instituto Electoral del Distrito Federal, y contarían con observadores de la ALDF, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, diversas organizaciones sociales y medios de comunicación.
Una vez instalado el nuevo Consejo Universitario, con la nueva integración producto de elecciones auténticas, legales y legítimas, la actual Rectora entregaría su renuncia y el nuevo Consejo Universitario elegiría a un rector o rectora interino que concluiría el periodo que le resta a la Dra. Orozco.
Otros detalles procedimentales podrían decidirse con un poco de buena voluntad.

Esta propuesta para resolver la crisis de la UACM, presenta varias ventajas:
No implica la derrota de ningún actor.
No se desconoce a ninguno de los dos Consejos Universitarios.
Los consejeros universitarios asumirían su papel de representantes de la comunidad universitaria y, con su renuncia, dejarían a la propia comunidad la tarea de resolver, con su voto, la crisis de la UACM.
La actual Rectora, al entregar su renuncia al nuevo Consejo Universitario, tendría un acto de generosidad con la Universidad, motivado en el propósito de contribuir a resolver la presente crisis y no como producto de las acusaciones que sus adversarios le han formulado.
Sobre todo, con esta propuesta no se vería vulnerada la autonomía de la Universidad. Se demostraría que quienes integramos la UACM somos capaces de resolver nuestros problemas de ingobernabilidad y daríamos al país un mensaje en el sentido de que la autonomía universitaria es viable.
Para que esta propuesta se realice se requiere, por supuesto, de la responsabilidad y la generosidad de todos los actores: integrantes de los dos consejos universitarios, rectora y comunidad universitaria, en el entendido de que ningún actor será derrotado pero todos aportarán un aceptable costo en aras de superar la crisis y dar viabilidad a la Universidad.

¿Están ustedes, Carlos y César, de acuerdo con esta propuesta? ¿Estarían dispuestos a promoverla?

De seguir con la actual dinámica del conflicto, uno de los Consejos Universitarios destituirá a la Rectora Orozco y nombrará a un nuevo rector. Ante ello, queda claro que la Dra. Orozco resistirá y podrá recurrir a diversos instrumentos legales. El Consejo Universitario destituyente demandará que el GDF y la ALDF reconozcan a su Rector, lo que difícilmente harán pues ello supondría la violación de la autonomía universitaria y, ciertamente, asumir una cadena de ilegalidades que, sin duda, representarían un costo político y un desprestigio al GDF y la ALDF.

De no procesar una solución interna a la crisis de la UACM, en el horizonte aparece la intervención del GDF y la ALDF para reformar la Ley de la UACM y cancelar la autonomía universitaria para “poner orden” en la Universidad. Sinceramente, a juzgar por el comportamiento que han mostrado, creo que continuará el empecinamiento de los dos Consejos Universitarios, lo que dará pie a la eventual cancelación de la autonomía de la Universidad. Ante ello, es mejor —como recientemente lo ha propuesto el Frente Amplio de Profesores— pactar dicha intervención y asumir un periodo de excepción en el gobierno de la UACM, de manera que la Universidad pueda, una vez transcurrido dicho periodo de excepción, recuperar la autonomía y normalizar su vida institucional.

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