La contribución científica de Esther Orozco, investigadora emérita #UACM

 

 LA CONTRIBUCIÓN CIENTÍFICA DE ESTHER OROZCO, INVESTIGADORA EMÉRITA

 

(extractos del libro de Claudio Albertani PIENSO LUEGO ESTORBO, Juan Pablos editores, México. Las notas se encuentran en la edición original)

 

Especialista en genética y biología molecular, la doctora Orozco se jactaba de descender de Pascual Orozco, el controvertido general de la revolución mexicana que traicionó a Madero y se pasó al bando de Huerta. Ostentaba, por de­más puntos de vista muy peculiares sobre la ciencia. Opinaba, por ejemplo, que “los transgénicos no son asunto malévolo” y que “la clonación de seres humanos se va a dar más temprano que tarde”.

 En un libro de divulgación científica, escrito con una buena dosis de pragmatismo revestido de “objetividad”, y sin abordar con seriedad el extenso debate ético al respecto, Orozco defiende los transgénicos argumentando que “es un asunto de seguridad nacional hacer investigación sobre la producción de mejores alimentos, incluyendo los transgénicos, y aplicar los resultados de esas investigaciones al campo para mejorar los cultivos. Se dice que la ingeniería genética y los alimentos transgénicos podrían ser la respuesta para cosechar más y mejores granos en menor superficie”.  ¿Se dice o la autora dice?

Lo que Orozco oculta es que la ingeniería genética lleva al control del ciclo completo de la vida y a la manipulación de todos los procesos de producción de alimentos, enfermedades y medicamentos bajo el control del complejo estatal-corporativo. Como bien señala Andrés Barreda, “los organismos transgénicos son, en primer lugar, un producto social, un producto histórico que debe ser reflexionado por la totalidad de la comunidad científica, pero también por el conjunto de la sociedad, que no sólo consume este tipo de productos sino que también participa dentro de su producción social compleja. Pero también, y sobre todo, por los campesinos, ese otro conjunto de domesticadores milenarios de todas las semillas, que sin embargo son cada vez más excluidos de todo y que, gracias al sesgo que tienen este tipo de productos de alta tecnología, van a quedar todavía más marginados”.

Tras admitir que las empresas AstraZeneca, Monsanto, DuPont, Novartis y Aventis controlan el cien por ciento de las semillas transgénicas, Orozco plantea de manera tramposa que “si los gobiernos invirtieran esta fórmula, cuando menos parcialmente, y los alimentos que se producen (transgénicos y no transgénicos) fueran de mejor calidad y se distribuyeran mejor, se podría paliar el hambre en el mundo”. La autora tampoco aborda el tema -no menor- de que todos los gobiernos del mundo, incluyendo los más poderosos, son rehenes de corporaciones como las que ella cita. Contrario a lo que escribe, la investigación científica –aun cuando se encuentra bajo la dirección del Estado- raramente se fundamenta en la búsqueda del conocimiento y satisfactores para cubrir las necesidades del hombre -“unas fundamentales y otras no tanto” [¡!]- y no se puede desligar de los multimillonarios intereses que la condicionan.

Tan es así que, en ocasiones, los organismos estatales voltean la relación financiando ellos mismos a corporaciones privadas con dinero público. La historiadora Ángeles Magdaleno encontró que el 30 de octubre de 2007, es decir durante la gestión de Orozco, el  ICyT pagó 6,790,000 pesos a la Rand Corporation –el famoso organismo ultraconservador que trabaja para las Fuerzas Armadas Norteamericanas y se ha visto envuelto en múltiples conspiraciones militares- para “identificar los sectores con mayor potencial para el desarrollo científico y tecnológico y elaborar un plan para su impulso en colaboración con los agentes económicos relevantes (cámaras, universidades, gobierno, comunidad científica, tecnológica, etc.)”.

 El día 31 del mismo mes y del mismo año, el ICyT entregó 7,514,100 pesos a la empresa de consultoría en administración McKinsey & Co. –que en 2009 se vería envuelta en un escándalo mundial de compra-venta de información y es señalada por Greenpeace como cómplice de la deforestación en varios países del Tercer Mundo- con el fin de determinar “la ruta crítica para la generación de un nuevo espacio de esparcimiento [sic] y cultura para los habitantes de la Ciudad de México”. Uno se pregunta con qué criterios un gobierno supuestamente “de izquierda” solicita este tipo de servicios a este tipo de compañías…

Corroborando, por si fuera necesario, nuestras dudas sobre su empleo de la ingeniera genética, Orozco encargó al Hospital General de México, el proyecto denominado: "Identificación de los genes asociados al comportamiento criminal: mapeo del genoma humano con microchips de 1'000,000 de SNPs". ¿La conducta “delictiva” tiene origen genético? ¿Existen seres humanos, biológicamente distintos de los demás, predeterminados a “delinquir”? He aquí reaparecer como un fantasma la devaluada criminología lombrosiana, a pesar de que una y otra vez el tiempo nos ha demostrado que todo determinismo lleva consigo su propia negación dialéctica.

Desde su puesto de mando en el ICyT, Orozco impulsó la “sinergia necesaria” entre academia, empresa y gobierno distribuyendo premios y galardones a costa del erario público. Es verdad que se hallaba en una posición inmejorable para hacerlo. En 2000, fue colaboradora del equipo de transición de Vicente Fox, en  2004, ganó el premio “Mujer del Año 2004” en el área de salud que otorgan la corporación Master Card y la revista Glamour, y en 2006 el premio L’Oréal-UNESCO para las Mujeres en la Ciencia que ella aceptó a pesar de que, según Silvia Ribeiro, dicha empresa emplea en sus cosméticos nanopartículas que producen radicales libres, los cuales convierten a sus cremas antienvejecimiento en literales aceleradoras del envejecimiento mismo. No solamente esto: L’Oréal apoya activamente a Israel en el genocidio contra el pueblo palestino.  La misma Orozco se ufana de haber colaborado con el Instituto Weizmann de Israel (fundado por el primer presidente de Israel, Chaim Weizmann, quien pactó con Inglaterra para establecer el Estado sionista), en el área bacteriológica, muy restringida por sus usos militares.

 

(PIENSO LUEGO ESTORBO, pp. 63-66)

 

SOBRE LAS RELACIONES DE OROZCO CON EBRARD Y JUAN ENRIQUEZ CABOT:

Hijo del prominente político priísta Antonio Enríquez Savignac -antiguo secretario de Turismo e impulsor de Cancún, entre otros centros vacacionales, y en honor del cual Ebrard bautizó un vagón de la línea 12 del Metro- es también descendiente del clan norteamericano de los Cabot, una rancia familia bostoniana, fundadora y luego financiadora de la Universidad de Harvard.

Profesor de biotecnología, Juan Enríquez Cabot dirige el Life Science Project Harvard Business School y es dueño o presidente de los consejos de administración de un sinnúmero de empresas en las ramas químicas, farmacéuticas, biotecnológicas, energéticas y del medio ambiente. Según la Ong ecologista Grupo ETC, Enríquez Cabot es además co-fundador de Synthetic Genomics Inc. -empresa de pésima fama creada en 2005, también con capital del financiero regiomontano Alfonso Romo (“amigo de Fox” en 2000 y en 2012 de Andrés Manuel López Obrador)-  la cual es a la vez socia y financiadora del científico y empresario norteamericano, J. Craig Venter, famoso por haber descifrado el mapa del genoma humano.

Antiguo y muy cercano amigo de Marcelo Ebrard, Enríquez Cabot, además de distinguirse como un hábil y seductor conferencista, es, en primer lugar, un consumado y polifacético negociante. Como Director General de ServiMet (Servicios Metropolitanos del DF), durante la administración de Manuel Camacho Solís, fue el hombre clave en la creación de uno de los mayores negocios inmobiliarios en la historia de la ciudad, al convertir el tiradero de basura de Santa Fe en una zona ultra exclusiva. Ese mismo espíritu empresarial rige su visión sobre las ciencias de la vida. Tal como señala Orozco, para Juan Enríquez Cabot “los grandes cartógrafos de hoy no hacen mapas de continentes, ríos, montañas o ciudades. Están haciendo mapas del genoma de todo lo que vive. Estos mapas están cambiando la forma en que miramos la vida, porque ellos darán las pistas cruciales para casi todos los negocios”.  

Fiel a esta creencia, el Instituto Craig Venter –fundado por el propio Venter, y financiado por la empresa de Enríquez Cabot-, no sólo creó un organismo vivo único a partir de cero con todas las implicaciones éticas que esto tiene, sino que además se dedica a la biopiratería en los ecosistemas marinos. En 2004, el yate de Venter, “The Sorcerer II” (El Hechicero II), navegó alrededor del globo tomando muestras de diversidad microbiana en México, Costa Rica, Panamá, Ecuador (Galápagos), Chile, la Polinesia Francesa, entre otros lugares.

Sea como fuere, las relaciones entre Ebrard, Orozco, Enríquez Cabot y Craig Venter son estrechas. En 2009, durante la crisis de influenza en México, Ebrard invitó a Craig Venter, entonces presidente de la empresa Celera Genomics, al propio Enríquez Cabot y a otros científicos para que secuenciaran el genoma del virus de la influenza porcina. En ocasión de la creación del Centro de Diagnóstico y Vigilancia Epidemiológica (CDE) del Distrito Federal, creado en diciembre de ese año, Orozco dijo lo siguiente: “hemos escogido a la UACM como sede del CDE porque es la Universidad de nuestra Ciudad y para aprovechar la infraestructura y el equipo del Programa en Ciencias Genómicas de esta institución, así como el conocimiento y la experiencia de sus jóvenes investigadores y estudiantes. De esta forma se potencia el trabajo del CDE y el de los grupos de investigación”.

¿Por qué Orozco, en su calidad de investigadora emérita y funcionaria pública “de izquierda”, no denunció los peligros mortales que encierra la cría industrial de cerdos y pollos, misma que se encuentra en manos de un puñado de gigantes transnacionales? La información al respecto era abundante y existían las denuncias de los valientes pobladores de La Gloria, Veracruz, y Chichicuautla, Puebla, quienes enfrentaron juicios por defender el medio ambiente y su salud. Como han demostrado Teresa Forcades y Silvia Ribeiro, entre muchos otros  especialistas, las políticas públicas relacionados con las diferentes variedades de influenza, suelen estar vinculadas a empresas interesadas en ganar dinero y no precisamente en solucionar problemas de salud pública.

Desde antes de ser rectora, Orozco y Ebrard involucraron a la UACM en el lucrativo negocio de  las vacunas, como parte del proyecto Biometrópolis, nombre asignado a uno de los cuatro campus que integrarían “Ciudad del Conocimiento”. Con un costo calculado en cerca de 23 mil 256 millones de pesos (9 mil millones más que el monto solicitado por el exgobernador Enrique Peña Nieto para el ejercicio 2011 del Estado de México), Biometrópolis se iba a ubicar en el predio de 72 hectáreas conocido como El Encino en la zona del Pedregal-Ajusco. Aunque Ebrard comenzó a trabajar en ese proyecto desde su llegada al gobierno en 2006 y a buscar inversionistas con el apoyo de Manuel Camacho Solís, no logró echarlo a andar durante su mandato por diferentes causas. Sin embargo, todo indicaría que el proyecto se mantiene como iniciativa transexenal.

En todo este contexto, utilizar a la UACM, una institución ya existente y en apariencia indefendible, como una plataforma para realizar jugosos negocios ofrecía enormes ventajas. Lo cierto es que los requerimientos de estos personajes para concretar dicho fin y las características de proyecto educativo incluyente de la UACM resultaban inconmensurables. En una entrevista concedida a Bertha Alicia Galindo para el programa televisivo “Alcanzando el conocimiento”, Juan Enríquez Cabot expresó con claridad la abismal distancia entre ambos enfoques: “se necesita ser elitista en el mejor de los sentidos en educación. No elitista de que hayas escogido bien a tus padres y abuelos. Sino que si eres una gente en primer año de primaria en Oaxaca pero eres brillante, que te podamos identificar, premiar igual que premiamos a un jugador de futbol (…). Tenemos que hacer que las secundarias, que algunas de las preparatorias, que algunas de las universidades no sean de pase automático, no sean de todo para todos, sino que sean lo mejor de lo mejor de lo mejor y que puedan competir en cualquier parte del mundo. La segunda parte que hay que hacer es cuando se gradúen esos muchachos y muchachas haya empleos en nuevas empresas de alta tecnología donde puedan volverse millonarios en dos años, en tres años, en cinco años, porque solamente así vamos a duplicar el tamaño de la economía de México”. En la misma  entrevista, Enríquez Cabot –a quien Esther Orozco cita de manera elogiosa en epígrafe al capítulo conclusivo de su libro- expuso la necesidad de entablar una alianza estratégica con el SNTE de Elba Esther Gordillo: “no creo que sea necesario cambiar todo el sistema. Lo que hay que hacer es llegar a un acuerdo con el sindicato de educación, con gobernadores, de que, digamos, cien primarias en un estado grande van a ser primarias de absoluta excelencia. Se van a tronar al diez por ciento de los alumnos en cada salón todos los años. Se van a tronar al diez por ciento de los maestros que dan clase en esas escuelas todos los años, para que quede lo mejor de lo mejor de lo mejor de lo mejor y siga compitiendo”. He ahí pues, lo que Ebrard, Juan Enríquez Cabot, Elba Esther Gordillo y Orozco pretendían hacer de la ciencia y la educación.

(PIENSO LUEGO ESTORBO, pp. 68-73)

© 2013, admin. All rights reserved.

Share