UACM, ¿fin del conflicto?

Roberto Rodríguez Gómez
 La designación de Enrique Dussel como rector interino de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), operada por el grupo de consejeros universitarios disidente de la aún titular legal de la institución, Esther Orozco, así como la entrega de las instalaciones de rectoría al profesor Dussel el 11 de marzo, ha abierto un nuevo capítulo en el prolongado conflicto que se vive en la UACM: dos consejos y dos rectores.

En la UACM persiste la división del órgano colegiado desde el rompimiento de la sesión de reinstalación del Tercer Consejo Universitario, el 29 de noviembre de 2012, antecedida de un acuerdo entre las partes en conflicto intermediado por representantes del gobierno (GDF), la Asamblea Legislativa (ALDF) y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF). A partir de ese momento dos colectivos de consejeros se adjudican mayoría y representación, sesionan y han tomado acuerdos por separado.

El impasse de autoridad, extremado por la coexistencia de dos figuras rectorales, puede romperse al momento en que tanto el GDF como la ALDF reconozcan la autoridad exclusiva de uno de los dos rectores, lo tomen como interlocutor para la entrega de los recursos autorizados para el ejercicio anual y se pronuncien con claridad al respecto. Una especie de “toma de nota”. A tal efecto, la comisión negociadora ha venido explorando los fundamentos jurídicos que cada parte exhibe para justificar su mayoría y para demostrar la validez de su actuación como máximo órgano de autoridad universitaria.

El Jefe de Gobierno de la Ciudad, Miguel Ángel Mancera, ha dicho que esta misma semana se darán a conocer los resultados del estudio jurídico practicado, y por tanto la postura definitiva del GDF ante el conflicto. De ser así, es probable que la ALDF siga el mismo camino y fije una postura concordante.

Mancera ha adelantado, en declaraciones previas, que se habrá de cuidar, ante todo, la autonomía universitaria, y que se tomará en cuenta tanto el marco normativo de la institución como la interpretación de los resolutivos de la Comisión Mixta integrada en octubre de 2012. A la luz de diversas declaraciones pronunciadas por legisladores de la ALDF, así como por los representantes de la CDHDF en favor de la legitimidad del grupo opositor, no sería de extrañar que el GDF se decantara en pro de la rectoría de Dussel, pero queda un asunto no resuelto: las opciones legales de la rectora Orozco para impugnar una resolución en tal sentido.

No está en manos del GDF proceder a la remoción de la rectora. Tampoco recomendar su renuncia. Lo que sí puede hacer es reconocer formalmente la interlocución con el encargado interino de la rectoría, dando validez a su nombramiento. En esta hipótesis es de anticiparse una airada respuesta, con argumentos autonómicos, por parte de la fracción afín a la rectora.

En caso contrario, esto es si las autoridades del DF deslegitimaran la designación de Dussel, el conflicto se prolongaría indefinidamente, sin visos de solución a corto plazo. En buena parte, el dilema que han de resolver los poderes ejecutivo y legislativo de la Ciudad radica en los posibles efectos de la postura que decidan defender. Aparte de las comunidades académicas favorables a la rectoría de Orozco, está presente una corriente defensora de su papel al frente de la UACM: algunos medios de comunicación, intelectuales y académicos famosos, así como políticos de distintos partidos.

Disiparía la incertidumbre la renuncia voluntaria de la rectora. Por el bien de la UACM y para finiquitar esta fase de conflicto. ¿Se habrá explorado esta solución? Seguramente, lo que no sabemos, a estas alturas, es si tal renuncia ya ha sido negociada o si sigue en manos de la voluntad y conciencia de la interesada. Ya veremos.

 

Flashback

Hace setenta años, casi exactamente, se vivía en la Universidad de México Autónoma —así se llamó oficialmente la UNAM entre 1933 y 1945—, un conflicto similar al de la UACM. El rector Rodulfo Brito Foucher (1942-1944) se vio forzado a renunciar al no poder controlar un conflicto suscitado en las escuelas de Veterinaria y Preparatoria con motivo del cambio de directores. Un Consejo Universitario dividido designó en su reemplazo al secretario general de la Universidad, Samuel Ramírez Moreno, para que, en calidad de interino, convocara al órgano colegiado para la designación de nuevo rector. Ramírez permaneció en el interinato apenas una semana, del 27 de julio al 3 de agosto de 1944. Fue sucedido por José Aguilar Álvarez, quien duraría en el cargo sólo unos días, hasta el 7 de agosto del mismo año.

En tanto, a la renuncia de Brito, un grupo de universitarios, algunos de ellos consejeros, se organizaron como Directorio Universitario y designaron a Manuel Gual Vidal encargado de la rectoría, nombramiento que persistió simultáneamente al de Aguilar Álvarez. Los dos grupos en conflicto se entrevistaron, por separado, con el presidente Ávila Camacho para lograr el reconocimiento de sus respectivos rectores. El presidente determinó encargar el asunto a una junta de advenimiento, integrada por ex rectores universitarios: García Téllez, Gómez Morín, Ocaranza, Baz, De la Cueva y Chico Goerne. La junta designó rector a Alfonso Caso quien procedió, junto con los antiguos rectores, a organizar el Consejo Constituyente Universitario, órgano que propuso, a finales de 1944 la nueva Ley Orgánica de la UNAM, vigente hasta la fecha.

Roberto Rodríguez Gómez

UNAM. Instituto de Investigaciones Sociales

Opinión

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