¿Por qué los adolescentes abandonan la escuela?

 

 
 
 

Uno de los elementos necesarios para el análisis y la reflexión de los fenómenos educativos es la información proveniente de los llamados “datos duros”, es decir, aquellos que provienen de la recolección detallada y sistemática de fuentes primarias (censos, encuestas, etcétera). Desde hace varios años, el Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL), viene realizando un seguimiento sistemático del panorama educativo de la región, “a la luz de las profundas transformaciones económicas y sociales con el afán de contribuir así al desarrollo y fortalecimiento de las políticas sociales y educativas que garanticen una educación de calidad para todos” . En un reporte recientemente puesto en circulación, el SITEAL plantea una pregunta que cuestiona fuertemente los sistemas de educación media superior en América Latina: ¿por qué los adolescentes dejan la escuela?

El cuestionamiento anterior ocurre en un contexto regional—que bien podría extenderse a muchos países del mundo— en el cual se intensificó la expansión de niños y adolescentes. Hoy, en casi una veintena de naciones latinoamericanas, cerca de la totalidad de los niños entre 7 y 12 años y más del 83 por ciento de los adolescentes entre 13 y 17 años, asiste a una institución escolar. Sin embargo, a pesar de estos avances, aún persiste una evidente relación entre las desventajas sociales de origen y la probabilidad de que los niños y adolescentes interrumpan sus estudios. El informe señala que en términos generales, siete de cada diez niños y adolescentes no escolarizados provienen de los hogares con mayores privaciones económicas. No obstante, se ha observado que entre los adolescentes que no asisten a la escuela, ha aumentado la proporción que proviene de sectores socioeconómicos medios y altos, a la vez que el peso relativo de estos sectores se incrementa con la edad.

De acuerdo con el reporte del SITEAL, la articulación del aumento de la escolarización, el incremento del peso de los sectores medios y altos entre los adolescentes fuera del sistema educativo y el incremento del peso de los sectores medios y altos relacionados con la edad de quienes no asisten a la escuela, obliga a reflexionar con profundidad acerca de los motivos por los cuales los adolescentes interrumpen sus estudios.

Cuando las limitaciones económicas no son la causa directa de la ruptura del vínculo de los adolescentes con la escuela, ¿cómo entender el desencuentro entre éstos y el sistema educativo? Para responder a esta interrogante, se analizan las Encuestas de Hogares de seis países de la región (Bolivia, Chile, Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Paraguay), en el caso de encontrar en el hogar un niño o adolescente que no acude a la escuela, y así poder conocer el motivo principal de su condición. Al sistematizar la información disponible, se observó que entre los niños más pequeños, las dificultades económicas son la causa principal por la cual las familias no pueden mantener a sus hijos en la escuela. Asimismo, entre los motivos implicados en la desescolarización estuvieron también el desinterés por estudiar, las enfermedades crónicas y el que los niños tengan que trabajar para contribuir al ingreso familiar.

Los motivos por los cuales los adolescentes se alejan de la escuela cambian al inicio de la adolescencia. Las dificultades económicas, la discapacidad y los problemas de oferta van perdiendo centralidad, en tanto que el desinterés o desaliento por la actividad cobra un peso cada vez mayor hasta situarse en primer lugar. Una vez entrada la adolescencia, el desinterés por estudiar mantiene su relevancia y se puede notar que el trabajo incrementa su peso relativo como causa asociada a la interrupción de los estudios. Al mismo tiempo, las actividades relacionadas con la maternidad y paternidad, así como las relacionadas con las tareas del hogar, el cuidado de niños y ancianos, comienzan a asociarse como causas de la deserción. Al finalizar el periodo adolescente, se intensifica la relación entre las tareas relacionadas con la domesticidad y la deserción, a la vez que el trabajo pasa a ser mencionado por un número mayor de adolescentes o sus familias como el principal motivo de abandono escolar. Aun así, se señala en el estudio del SITEAL, el desinterés por estudiar sigue siendo el motivo principal por el cual los adolescentes interrumpen sus estudios.

Siguiendo el hilo del análisis, el curso de vida de los adolescentes que dejan la escuela toma un rumbo claramente diferente, según sean hombres o mujeres. Así, más del 70 por ciento de quienes señalaron motivos laborales como causa principal fueron hombres, contrastando con el 97 por ciento de mujeres, quienes señalaron que la maternidad y tareas asociadas a las actividades domésticas constituyeron la causa principal del abandono escolar.

La situación antes descrita obliga, según los autores del informe, a reflexionar sobre el sentido que los adolescentes y sus familias otorgan a la escuela cuando afirman no estar interesados en continuar estudiando, y las implicaciones de tal afirmación para el sistema educativo. De principio, ello es la expresión de un desencuentro entre las partes y ocurre siempre que los niños o los adolescentes no pueden asistir a la escuela. No obstante, cuando las dificultades económicas o la falta de oferta de servicios educativos explican la inasistencia a la escuela, se está frente a un obstáculo que se interpone entre la voluntad de los implicados en la escolarización: los adolescentes y la escuela. Sin embargo, el desinterés supone que el encuentro entre ambos (adolescentes y escuela) no se produce porque una de las partes (los adolescentes y sus familias) no se apropia o es ajena a las promesas que trae consigo estudiar. Para esos adolescentes, la escuela no constituye una opción al momento de estructurar el presente, e incluso, no se percibe como un recurso para proyectarse al futuro. El desinterés es otra forma de expresar “la escuela (esa escuela) no es para mí”.

La conclusión anterior cuestiona fuertemente a los sistemas educativos y las estrategias orientadas a garantizar que los niños y adolescentes cuenten con la escolaridad básica de 12 años, la cual en varios países de la región—incluído México—se ha declarado constitucionalmente como obligatoria.

Armando Alcántara Santuario

UNAM-IISUE/SES

Opinión

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