Artículo sobre levantamiento zapatista de 94

http://www.jornada.unam.mx/2014/01/03/opinion/015a2pol

El impacto internacional del zapatismo

Massimo Modonesi

Además de la relevancia del levantamiento zapatista de 1994 a escala nacional que está siendo destacada en estos días de aniversario, es importante hacer hincapié en su impacto internacional, en la irradiación que lo colocó como un acontecimiento trascendental de la historia mundial contemporánea.

En efecto, diversos actores y observadores convienen en ubicar a mediados de los años 90 un viraje respecto a la pendiente defensiva y resistencial abierta por las derrotas sufridas por las clases subalternas en los años 70 y agudizada por el desborde del capitalismo salvaje en los años posteriores a la caída del bloque soviético. Este consenso sobre la ruptura simbólica marcada por el levantamiento del 1 de enero se nutre de la aparición simultánea de dos ciclos de movilizaciones en el pasaje de siglo: el movimiento altermundista y una oleada de luchas populares en América Latina.

Estos dos procesos marcaron un corte en la historia del conflicto social, imprimiendo un sello de discontinuidad y provocando un cambio de época, al cerrar la etapa hegemónica del neoliberalismo y abrir la de su crisis.

En ambos casos la influencia del neozapatismo fue evidente.

El movimiento altermundista, que se colocó como el alter ego de la globalización neoliberal, reconoció de inmediato entre sus antecedentes a la rebelión zapatista. En particular, no hay que olvidar que la difusión planetaria de la palabra neoliberal y, de su contraparte, antineoliberal, se debe en gran medida al encuentro internacional realizado en Chiapas en 1996, en el cual confluyeron activistas y militantes de todo el mundo que posteriormente serían la columna vertebral del movimiento altermundista en Seattle, Praga, Génova y de los posteriores Foros Sociales. Como ha sido estudiado, las redes de solidaridad con el EZLN en Europa y Estados Unidos no sólo fueron pioneras en el uso del internet sino que además reconstituyeron un tejido organizacional fundamental.

Además de esta filiación directa, igualmente relevante es la reverberación del zapatismo en los movimientos populares latinoamericanos de mediados de los años 90 y principios de siglo. Una oleada de luchas, rebeliones y levantamientos cambiaron radicalmente el panorama político de la región, destituyendo gobernantes neoliberales, ensayando nuevas formas de hacer política y, paradójicamente, propiciando el establecimiento de diversos gobiernos progresistas, con distintos niveles de discontinuidad respecto del neoliberalismo, con mayor o menor vocación de izquierda, antiimperialista, etc.. En Argentina, ecos del zapatismo se escucharon en los incandescentes días 19 y 20 de diciembre de 2001 y en las intensas experiencias de democracia directa que les antecedieron y sucedieron. Pero también en Bolivia y Ecuador donde poderosos movimientos indígenas y campesinos sacudieron los sistemas políticos y abrieron las puertas a la redacción de nuevas constituciones. Inclusive en Brasil, el más grande movimiento social de la región, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) surgido en los años 80, reconoció en la rebelión zapatista una referencia fundamental. En toda Latinoamérica el ciclo de vibrantes y eficaces luchas populares que modificó el escenario en el siglo XXI se dio bajo la inspiración del EZLN.

En este sentido la periodización de la historia mundial y latinoamericana del tiempo presente -un recorte interno a la historia contemporánea que pone en evidencia el proceso más reciente, aún abierto- asume al levantamiento zapatista como una fecha de referencia, un parteaguas que, aún cuando pueda resultar arbitrario y no hacer justicia a otros fenómenos y procesos de lucha, se hizo convencional, a nivel subjetivo entró a hacer parte del sentido común de la memoria de la resistencia y a nivel objetivo da cuenta de un quiebre significativo, de una real reverberación e irradiación del zapatismo en otros espacios que permite hablar de un antes y un después de 1994.

Antes y después de una historia construida y pensada desde la lucha de los de abajo, distinta al fin de la historia decretado por los vencedores del siglo XX. En enero de 94 el viejo topo volvió a asomar la cabeza y la tenía encapuchada.

 

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