Respuesta e-Miliano

Carlos E Martínez-Rodríguez

6/6/2020

sobre el hilo: https://defiado.wordpress.com/2020/06/01/elementos-para-pensar-sentir-hacer-la-educacion-desde-la-universidad-en-tiempos-de-pandemia-parte-1/

Master, he terminado de leer el hilo de cuatro entregas sobre el mal-uso de las TIC’s y su oferta como tabla de salvación a (des)continuar los procesos educativos/formativos, eliminando de manera automática la riqueza de la construcción de los saberes desde y en el-la (ella) (j)aula.

De cómo por los miedos inherentes a reinstalar el contacto físico-afectivo-empatizador nos ha orillado e incluso canalizado al uso indiscriminado de plataformas digitales ready-to-use para continuar impartiendo los contenidos de los programas comprometidos al inicio de los cursos.

El “gap” tecnológico nos ha alcanzado y no supimos prepararnos, hubo quienes como tú y el grupo de las ahora ex-TIC’s comenzaron a andar ese camino, tal y como lo mencionas en la entreg número 4 citando a Sinaí Rivera (https://defiado.wordpress.com/2020/06/05/elementos-para-pensar-sentir-hacer-educacion-desde-la-universidad-en-tiempos-de-pandemia-parte-4/) “Inicialmente nosotrxs creíamos que el uso de TIC era una forma de abrir las aulas, lo veíamos como un medio que permite ayudar a crear otro tipo de comunicación, participación y colaboración. No solo buscamos y probamos todo tipo de herramientas digitales en los cursos, sino que la práctica y los debates con nuestros compañeros nos arrojó a reflexionar sobre sus implicaciones en la formación. Constantemente nos preguntamos de qué manera estas herramientas sirven para establecer otro tipo de relaciones sociales en los espacios áulicos (y cuáles relaciones impiden). Quizá esta pregunta nos ayudó a dejar de ver a las TIC como una supercarretera pedagógica, y abrir el debate sobre el valor ético de las tecnologías, esto es, sobre la calidad de las relaciones que permiten, y trasladarnos de la productividad técnica hacia la convivialidad.”

El momento de hacer uso de recursos tecnológicos de apoyo: pizarrones virtuales, video conferencias, blogs, videos, podcasts, moodle, joomla, wordpress,… no se me ocurren otras herramientas utilizadas en estos día, sin embargo es claro que hubo quienes lograron sortear favorablemente estas dificultades y hay quienes batallaron y difícilmente lograron mejorar sus habilidades tecnológico digitales.

Sin embargo continuar atendiendo día con día a la cita frente al monitor+teléfono+tableta+lo-que-tenías-a-la-mano tambíen tenía otra función: la de seguirnos viendo a través de una ventanita de 2×2 cms, de escucharnos con o sin lag, con o sin eco, con lags entre palabras y oraciones emitidas pero no recibidas, sentencias pronuncidas y mal transferidas y por tanto mal recibidas. Pantallas congeladas… frase tales como: ¿sí me escuchan?, ¿sí me ven?, ¿ bueno…, bueno… sí… hola?, “apaguen sus micrófonos por favor”, “perdonen pero es que me hablan”, “me permiten tantito por favor, déjenme ver que onda” todo esto con la finalidad de seguir en contacto con nuestra comunidad, de sabernos vivos o sanos, de compartir nuestras realidades, nuestros miedos, incertidumbres, dudas, y porqué no, intereses de saber más cosas, saberes ajenos a los programados.

Es decir, el modelo educativo de la UACM ha tenido que recuperar por obligación o por necesidad a las tutorías, a escuchar a nuestros estudiantes a reconocernos, acompañarnos e incluso a identificarnos como comunidad.

Ahora bien, regresemos al uso de las tecnologías: a las clases presenciales además del uso de pizarron, poco a poco se fueron incorporando recursos como: power point, prezi, series de tiempo, video, películas, etc. Es decir, en algunos casos la lectura de las clases simplemente se traslado de escenario, efectivamente se han emulado los ejemplos del vecino del norte: clases convertidas en “lectures”, donde lo que faltan son las sesiones de trabajo de prácticas, donde lo que se hace es utilizar los distintos programas que sirven para aplicar los conocimientos teóricos.

Esto, en realidad implica un trabajo extra, porque además de preparar la clase hay que elaborar los materiales, esto, sin mencionar la revisión de los trabajos o tareas de les estudiantes, conozco de casos donde el trabajo de les profesores se duplico, por decirlo de alguna manera, donde estar conectado a una pantalla de quizá a lo más 21 pulgadas termina aturdiendo a quien trata de impartir su clase.

Creo que también tenemos que hacer justicia a quienes a pesar de la adversidad, del miedo, de la incertidumbre, de la ansiedad día con día se preparan para ponerse frente a la pantalla y asumir su papel, y aquí me expongo a la discusión: asumir su papel de guía en este caos, en esta incertidumbre, en la persona que ante el panorama desalentador transmite serenidad, confianza, entereza y sobre todo capacidad de escucha y de empatía.

También es justo mencionar que este numeroso grupo de profesorxs termina aturdidx su día, porque desconozco si haya estudio, pero de manera empírica me aventuraría a realizar la afirmación de que: dar clases a distancia o de manera virtual implica un esfuerzo de concentración que deja exhaust@ a lxs profesorxs, el ruido ambiental, el brillo de la pantalla, la incomodidad de las sillas que difícilmente están diseñadas para soportar la espalda por largos periodos de tiempo, mesas que no son escritorios que en algunos casos no son de la altura apropiada para tener una postura correcta de las manos, espalda, cuello.

Sí satanicemos a las TICs, sí satanicemos la educación a distancia, sí satanicemos a las plataformas digitales, sí satanicemos a quienes nos han dirigido por estos caminos, pero también hay que darle su justo lugar a quienes a pesar de todo siguen luchando por superar la adversidad.

A modo de regalo te dejo una grafica hecha con RStatistics:

Un regalo para e-Miliano

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