Carta de Sergio Ling

Después de leer a Teresa de Lauretis mi concepción de la palabra feminismo dio un giro inesperado; en aquella épocas yo migraba de clase en clase, de “problemas sociales de la mujer” a “sociología del genero”. Fui sorprendido por la historia del movimiento feminista en México, por las grandes huelgas a principios del siglo XX y algunas otras hazañas que han de quedar en la memoria de los oprimidos como simples anécdotas de lo que un día fue una lucha por igualdad y justicia, ya antes de eso era y sigo siendo parte de la violencia de genero, una violencia que afecta a las “víctimas” y de la que son, también, “víctimas” los victimarios.

Freire logra expresar con claridad ésta contradicción en referencia a la educación, estableciendo como principio y eje del proyecto “humano” una serie de valores y condiciones en los que impere la justicia social y no la explotación laboral; lo “humano” es la respuesta al proceso de “deshumanización” que nace de esa contradicción para significar el mundo, sin embargo está presente y constante en nuestra forma de “interpretar” el universo el dualismo ontológico de Platón, mismo que establece la distinción entre el “mundo superior” y el “mundo inferior” en el lenguaje binario (bueno/malo, justo/injusto, hombre/mujer, etc.), dotando al elemento que se enuncia primero de una carga positiva, mientras que su “par” establece una carga negativa.

Esta distinción es rescatada por simpatizantes del movimiento LGTB que actualmente denuncian la legalidad del aborto o la ley de sociedades en convivencia como una medida de control e imposición de una institución tradicional a una conquista social (critica que debería alcanzar, inclusive al matrimonio heterosexual) en la que se reproducen los roles de dominación y control social que “hacen de nuestra patria” una sociedad oprimida; sin embargo, las demandas que se han cristalizado en ley son una condición necesaria para garantizar “el derecho” de los que tradicionalmente han sido víctimas del derecho en una sociedad que establece a la Iglesia, Televisa et al., como los promotores y referentes de la educación y conciencia de la sociedad civil.

Una de las acciones más importantes en nuestra actualidad es la denuncia/condena/pena de la violencia de genero, que ha establecido a la mujer dentro del sector vulnerable y al hombre en el sector “responsable”, no sólo de la vulnerabilidad de la mujer, sino de que esto no ocurra, reforzando el papel de protector, en el caso de los hombres, y afirmando el rol de víctima, en el caso de las mujeres. Justa o injusta la ley es un hecho, injusto sería ejercer violencia de genero y dejar a las víctimas sin herramientas para su defensa, como actualmente sucede. Sin embargo, pensar en la “norma” como un hecho es un asunto tan perverso que podría convertir la herramienta en un instrumento más de control y prueba de ello es la acusación y señalamiento que se hace contra José Enrique González Ruíz, profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), quien se ha destacado en la lucha social por su solidaridad incondicional a favor de los luchadores sociales, inclusive de aquellos que otras organizaciones de “izquierda” se han negado a apoyar por juzgarlos de “radicales”.

Lo vergonzoso de éste caso es que, ante esta revancha política, sean utilizadas, como peones, organizaciones sociales para repetir como rezo la versión oficial de un supuesto acoso sexual-laboral, aún cuando las pruebas presentadas por las “víctimas”, expertas en el tema, y las pruebas que le fueron negadas a González Ruíz han demostrado lo contrario. Preocupante y vergonzoso el hecho de que se utilicen este tipo de herramientas para “sacar de la jugada” a un adversario político y con ellas se reproduzca la injusticia y opresión que hicieron necesaria la lucha feminista.

Es una lastima que la administración de esta universidad, que nace de una lucha y sueño colectivo y la necesidad real y tangente de retomar el proyecto educativo de la UACM se haga valer de estos recursos mañosos para dar paso a un proyecto “democrático”; cualquiera que lea el oficio UACM/OAG/314/2014 fechado al 30 de Abril y expedido por la oficina del Abogado General puede constatar los tintes políticos de éste conflicto, donde además Clemencia Correa denuncia que “hubo cierto coqueteo entre ambos” (p.20), sin embargo, los actos de “acoso” que se denuncian hacen referencia a 1) la muerte de su esposa en 2008, donde Clemencia expresa refiriendo a Enrique “que grotesco acaba de morir tu esposa”, y 2) en el 2010, cuando Enrique “había celebrado segundas nupcias” donde concluye con la frase: “Enrique, qué estás haciendo, te acabas de casar, ta acabas de casar no entiendo” (p.21), estos dos hechos que la denunciante afirma, son los “más fuertes” están esquematizados en una línea temporal que se relaciona directamente con la vida de José Enrique, donde aprovecha el duelo y la confusión para afirmar su mentira, así como la celebración se su segundo matrimonio, hecho que no sería referido por una experta como Clemencia, si no es para destrozar la vida personal e intima del profesor Enrique González Ruíz, sin embargo, Clemencia afirma que dijo ya basta cuando “Enrique tomo la decisión ” de hacer el diplomado en Derechos Humanos los días jueves, “ahí sí como que me enfurecí y voy a la oficina de Enrique”, argumenta, y después de discutir afirma: “fue cuando dije ya basta”, (p.21), en donde expresa el motivo real de su denuncia que retoma y aprovecha la UACM con fines políticos y en los que resuelve separar a Enrique de su cargo. Respecto a la denuncia de Carmen Pilar Rodríguéz Sánchez, no hay un elemento que de credibilidad a su historia y ella misma no refiere hechos concretos, refiriendo todos ellos a su condición de vulnerabilidad.

Sergio Ling.

Alumno de la carrera de Ingeniería en Sistemas Electrónicos Industriales de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

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