Carta de Axel Andonaegui.

 

27 de septiembre de 2012

La controversia de una decisión tan delicada y a la vez tan difícil como lo es una huelga de hambre, implica consecuencias que repercuten en la salud de la persona que ha tomado dicha acción. Algunos comentan que es un acto de locura y otros un acto que no solucionará nada y sólo ocasionará poner en riesgo mi vida. He tenido la oportunidad de escuchar diferentes voces, y algo que se debe saber es que la mayoría no está de acuerdo con mi decisión. Sin embargo, y en esto debo ser muy preciso;  las razones que me orillaron a tomar esta causa que podría pensarse desde afuera como arriesgada e ingenua, fue pensada seriamente y con un sentido reflexivo y de autodeterminación. No tengo ninguna certeza de si mi acto logrará un cambio en la forma en cómo se está llevando este conflicto, y pareciera que la idea de una solución corresponde más a criterios pragmáticos de qué tanto se pierde y qué tanto se gana a niveles de perspectiva política y criterios de burocracia presupuestal.

Si me preguntan mi posición y qué gano yo con todo esto, la pregunta es fácil de contestar: Respeto.

Digo respeto, porque la posición que pareciera ambigua en mis palabras y mis escritos, en realidad muestra una clara postura ante el conflicto, que es la legalidad, la confianza, la verdad y la capacidad de generar diálogo pensando en todas las partes que están siendo afectadas. Todos estamos a favor de la apertura de planteles; pero también, quiero pensar que todos estamos a favor de la legalidad, una legalidad que proviene de la aceptación de un principio básico de normatividad conforme al ejercicio libre y ético del poder que está sometido a la jurisdicción de una ley específica y no a la voluntad personal salida de la legitimidad que les proporciona un cargo de autoridad.

¿Qué gano con esto? También respeto, porque a través del respeto se puede lograr convivencia, crecer humanamente, reconocer fallas y aceptar verdades. El respeto es lo que mueve a conocer al otro, descubrirlo, descubrirse, saber que se es, y conocer lo que no se es. El respeto es nuestra mejor posición ante una falla. Pero el respeto también se gana, se merece, se consolida, se reafirma, se crea y se recrea, se reconoce y al final se ejerce.

Debido a todo lo que he comentado; el respeto, que es mi posición y mi ganancia, es lo que pido.  Respeto al voto, respeto a la legalidad, respeto a cada estudiante, profesor y administrativo; Respeto a la manifestación de expresarse, y darse a respetar con su forma de expresión. Respeto a mi universidad, no sólo en su forma rígida pensada como un espacio físico que debe cuidarse, sino en su forma simbólica y esencial en la construcción de intercambio del conocimiento. De nada nos sirve respetar el espacio donde estudiamos, si no respetamos el valor de nuestro proyecto a partir de sus ideas, sus principios, su autogobierno y su autonomía. El respeto se gana, no se impone.

 

“Mi universidad no me dio la vida, pero me está dando una razón para entregársela”

Axel Andonaegui.

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