UACM: ¿Esperan que haya muertos?

 

La rectora, con una campaña de desplegados en la prensa, pretende desacreditar a los estudiantes.

Humberto Musacchio*

 

 

Es muy sospechosa la actitud de las autoridades capitalinas ante el conflicto de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Por diversas declaraciones, resulta obvio que Marcelo Ebrard no simpatiza con un proyecto puesto en marcha por Andrés Manuel López Obrador y de ahí su apoyo a la mujer que tan malamente ocupa hasta ahora la rectoría.

La UACM, no sobra recordarlo, se funda en un proyecto harto novedoso, con profesores-investigadores de tiempo completo, lo que propicia la renovación del conocimiento, y con alumnos que ingresan por sorteo, y no mediante los más que dudosos procesos de selección basados en exámenes que pueden aprobarse por casualidad. Por supuesto, los aspirantes a ingresar deben presentar constancia de que concluyeron el ciclo lectivo de bachillerato y todos, pobres o ricos, tienen iguales posibilidades de ingreso. Los que entran, si lo necesitan, cuentan con un sistema de becas que tiende a reducir las disparidades de clase.

Una concepción socialmente tan generosa pone los pelos de punta a los partidarios de la enseñanza tradicional, repetitiva y estéril, productora de desempleados o de asalariados sin iniciativa. La UACM, por el contrario, se propone capacitar a un nuevo tipo de joven: preparado académicamente, propositivo, adaptable a condiciones adversas y dotado de conciencia social y de conocimientos para cambiar la realidad a favor de las mayorías.

Esa educación pone en entredicho la autoridad que se funda solamente en la autoridad misma, la que confieren los nombramientos, aunque éstos se basen en injusticias flagrantes y pasen por alto los requisitos que todo funcionario académico debe cumplir, como es el caso de la rectora Esther Orozco, que no ha sido capaz de demostrar que cuenta con los estudios que dice tener y no cumple con otros requisitos para ocupar legítimamente la rectoría de la UACM.

La huelga estudiantil en esa institución es resultado del abuso, la manipulación y probables malos manejos financieros de la actual administración universitaria. Antier se presentó ante la Procuraduría de Justicia capitalina una denuncia contra la señora Orozco por “irregularidad en el manejo de recursos de la UACM”, lo que viola la Constitución, la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, la Ley de Presupuesto y Gasto Eficiente del Distrito Federal y la legislación de la propia Universidad.

Mientras tanto, la señora Orozco dilapida alegremente los fondos universitarios en una costosa campaña de desplegados de prensa con la que pretende desacreditar a los estudiantes. Pero ha ido más lejos: ha propiciado si no es que ordenado el fraude en la elección de consejeros universitarios, las agresiones físicas contra los huelguistas por parte de grupos externos a la institución y, como era de esperarse, ha exhortado a la violencia de alumnos esquiroles, verdaderos aprendices de guarura, futuros doctores en genuflexión y lambisconería.

En su afán de seguir ejerciendo un cargo que no merece, la señora Orozco ha recurrido a métodos viles, como promover el enfrentamiento entre jóvenes, lo que motivó que la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal la reconviniera. Miguel Ángel Mancera ya mostró su cabal ignorancia en lo referente a la UACM —cree que los profesores ganan más de 60 mil pesos mensuales—. Marcelo Ebrard, por su parte, deja hacer para que el conflicto se alargue y le quede de herencia a Mancera. Todo indica que sólo actuarán, y quién sabe cómo, si hay muertos. Es inconcebible tanta irresponsabilidad.

                *Periodista y autor de Milenios de México

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